Fruto de mi ilusión

El título de este cuento parece el de un poema desgarrador. Pero no lo es.
Es un cuento sobre un auto y mi padre.
Era domingo y atardecía azul en Lezica, en el patio de mi abuelo.
Siempre atardecía azul en Lezica, aunque también a veces atardecía anaranjado.
 Mi padre yendo y viniendo con las herramientas
(buena forma de describir a ese hombre en una acción).
Yo lo seguía porque me había dicho que íbamos a pintar el auto, de rojo.
Mi imaginación se disparó en un auto brilloso todo rojo dejando atrás a lo que era el auto en realidad: un fiat "de los viejos" bastante castigado en su capó y que aparentaba ser celeste en su totalidad, pero no lo era, estaba oxidado.
Pero ahora iba a ser rojo. Y yo lo iba a pintar también, por tanto seguí más entusiasmada a mi padre en su ir y venir, queriendo saber cuando llegaría el momento de, al fin, un auto rojo.
Llegó.
El mencionado hombre sacó de una lata un pincel y echó unas manchas al auto, rojas.
Aproximadamente serían seis, bien desparramadas.
 Era antioxidante.
 Atardeció del todo.
"Bueno por hoy ya está"- dijo.

Fin.
(Del auto rojo, no del cuento todavía.)

 Seguía en mi mente, ese auto brilloso, rojo, pero ya sabiendo que no lo vería enfrente mío de ese color.
 Igual que tantas otras cosas, fue fruto de mi ilusión.

Comentarios

Entradas populares