La forma de Cristina /Ficción formas de ser-Filosófico debate

Mi forma de ser es... cálida. Y no lo digo yo, me lo dicen todo el tiempo. Soy muy mamá. Amo mis cinco corazones.
Me hubiese gustado tener más tetas para que estén mejor alimentados. Los amo y admiro. Ser madre es una bendición.
Mis hijas son mis maestras de rebeldía. Y mis hijos de la paciencia y el perdón.
Antes de tenerlas no era rebelde. Era sumisa. Soy otra mujer desde ellas.
Cuando nació la primera todavía no me había ido, estaba ciega de amor por Nahuel, el padre.
Pero Nahuel estaba ciego por la merca, entonces me fui con Estrella (nuestra hija).
Una amiga estaba en España y nos ofreció su casa para quedarnos.
Mi vida fue cambiando muy rápido, hice cosas que nunca imaginé. Trabajé de electricista y me salía muy bien. Yo! Que nunca arreglaba ni el control de la tele. Cuando miraba tele.
En España conocí a Xavier. Un ser increíble. Mi mejor amigo.
Recorrimos parte de Europa los tres y sin querer me fui enamorando, supuestamente el era gay pero una tarde me confesó que se estaba reconociendo en mi, y nos reconocimos.
Estábamos con hombres y mujeres, con amor. Mucho respeto. Estuvimos seis años juntísimos.
Tuvimos a Laurita.
Mi segunda hija.
Nos empezamos a aburrir de la vida matrimonial y nos separamos con todo ese amor.
Me fui a viajar con mis hijas y llegamos a Rumania.
No es perfecto pero es hermoso. Hay gente de lugares misteriosos. Me quedo, dije e hice.
Me quedé ahí con Laurita y Estrella, trabajando de moza en un lugar finísimo mientras mi vecina gitana me cuidaba a las niñas.
Una noche se apareció un hombre innombrable. Un hombre revolucionado, revolucionario, que se esforzaba por no ser como su familia.
No fue que mi vida cambió. Me trastocó la existencia. No nos entendíamos mucho pero nos comunicábamos igual.
Me casé.
Esa mezcla de amor me atraía y no me podía separar, y la verdad es que, no tenía idea en lo que me metía.
Años después, el e murió y fue la única manera que tuvimos de separarnos. No por romanticona, sino por leyes, burocracia y patriarcado.
Había imaginado que iba a ser una aventura intensa en la que se ablandara de ese machismo reinante, pero no.
Nunca se ablandó hasta el día de su muerte que me dejó bien clavada con tres, tres niños iguales a él.
Excepto el del medio que gracias a  Dios , es un extraterrestre que nos ordena a mi y sus hermanos.

La puta madre!
Perdón. Es parte del duelo, dicen.

A los pocos días de conocerlo me embaracé porque me llevó una semana a un paraíso en la mismísima nada.
Me entregué a que la vida hiciera conmigo lo que quisiera.
Me cocinó. Me sentía una diosa.
Comenzó mi gran ilusión. Si un hombre así me cocina el amor todo lo puede.

No fue tan así.

Tampoco tan trágico, pude volver a mi país después de años intentándolo.

Me amenazaba serio si le retrucaba algo de lo que estrictamente planificaba.
 Y levantaba su mano. Y yo le rompía alguno de los platos de su madre. Todo quedaba en amenazas.

Después tomábamos café, del mejor. En eso sí que encaraba.

Me voy a abrigar, porque hablar de el me da frío.

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