Carlos, el chancho- Cuento

Una tarde, Carlos, un chancho, salía a caminar por las inmediaciones de la ruta 12.

Rosado con leves manchas negras, estaba embarrado y radiantemente contento a pesar de que lo tenía un tanto apretado (literal y mentalmente) la situación en el porquerizo. 
Hacía rato que quería salir.
Tenía ganas de vivir en una granja con gente amorosa para con el y los suyos, una granja no porcina. 
Ese era su sueño, por eso emprendió la caminata.
Se dirigía hacia el este. 
Por lo que había escuchado de conversaciones lejanas de la radio, a unos kilómetros de ese lugar vivían unas personas llamadas nuevas pobladoras del campo, muy lejanas a los productos chacinados. 
Caminó bastantes hectáreas haciendo paradas para tomar agua y olfatear algunos restos de animales muertos que se encontraba en el camino. 
En un momento se cruzó una serpiente, pero saltó y no tuvo mayor problema.
 A unos metros de distancia pudo ver que estaban caminando en dirección contraria. Decidió parar.
Se detuvo entre unas chircas a respirar y observar. 
Estaba lejos y escuchaba voces, pero no tenía ganas de perder tiempo, tampoco faltaba tanto para el atardecer... 
Entonces siguió en diagonal.
UN SUINO UN SUINO, gritó uno de los hombres e inmediatamente el otro rió.
A la distancia, no entendía que decían, entonces bajó la velocidad de su trote corto y esperó. 
Los tres coincideron en el campo, rodeados de chircas y carquejas, en el trillo que quedaba con menos barro, soplaba un vientito que al chancho le despeinaba sutilmente su oreja rosada. 
A los hombres se les dificultaba apreciar la poesía del momento, porque al principio se asustaron de la presencia tan plantada de Carlos. Y el se sintió, después de mucho tiempo, poderoso. 
No se contuvo y habló.
Los hombres lo miraban. 
-"Permiso" .
-"Este animal está hablando" dijo uno. 
Carlos insistió en que lo dejaran pasar pero los hombres se resistían. 
-Un chancho hablando, que raro. 
-¿Al final le pusiste hongos al mate?
-No estoy seguro
-No te vayas, decinos como te llamas.
-Carlos, dijo Carlos.
-¿Carlos? Seguro por Marx, dijo el hombre más intelectual. 
-Puede ser por Calvo. Dijo el hombre más boludo.
-No, seguro el no era ni nacido, dijo el otro de nuevo.

Hubo un silencio que absorbió al hombre más intelectual, hasta que pudo decir:


-¿Y si este chancho tiene algo que ver con rebelión en la granja? 



-George Orwell no tiene nada que ver con esto, dijo el mismísimo Carlos

-¡El chancho conoce ese libro! dijo uno llevándose las manos a las sienes.
-¿Que tiene de extraño que conozca ese libro?
 Para ustedes soy un jamón, pero antes de ser jamón soy esto. Veo, escucho, siento, me alimento.

Necesito que se corran porque tengo que llegar hoy. 
Va a atardecer y tengo patas cortas. Insistió Carlos.
-¿Que tiene que ver, lo de las patas cortas no es por la mentira? 
La mentira tiene patas cortas, y yo ya las corté. Se preguntó y autorrespondió el hombre.
-En mi caso es por el atardecer y trillar miles de hectáreas. 
Y me nombraron Carlos, por Carlos Castaneda,  trotaba y afirmaba el chanchito.

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