Carlos, el chancho, parte dos- Cuento

Otra tarde, Carlos, se ensimismó en salir de la nueva granja.
No era porcina, no iba a morir asesinado, pero la alimentación no era lo que el esperaba.
De hecho el sabía que podía alimentarse mejor de tener la oportunidad de salir a trillar por el campo.
"Si tuviese la valentía de Miguel..." pensaba.
Miguel era un jabalí al que no le importaba absolutamente nada.
Algunas noches pasaba a buscar a Carlos. Una de las últimas se paró en el corral y le dijo agitado:
"Dale Carlos vámonos a joder a las ovejas".
El rechazaba las últimas invitaciones de Miguel, porque había empezado a observar más a las personas 
La música le llamaba la atención. Y entendía que solo a través de ella muchas lograban comunicarse.
Su crisis existencial empezó cuando escuchó a lo lejos en la granja, desde el cuarto del único adolescente que vivía ahí una canción que decía algo así:
"solo tengo veinticinco
y mi futuro, es solo ser un puerco...
deslizando en el viento -toda-mi- carroña sudamericanaaaa"
Desde ese día Carlos comenzó a cuestionarse cosas.
¿Por qué ser solo un puerco era algo que estaba mal?
¿Qué es carroña? No entendía.
Pero le sonaba a que se llevaban la impresión equivocada de su condición.
Reivindicar su derecho de ser un animal respetable, eso iba a conquistar.
No iba a ser un camino fácil, estando en uno de los países más carnívoros por excelencia,
Pero estaba decidido a hacerlo, era su condición, su vida, su derecho a ser.

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