Era el atardecer ya, y Carlos estaba aburrido.
Entendió que era su momento de salir a caminar,
esperó a Miguel y juntos salieron.
Lo cierto es que la tarde estaba hermosa y decidieron ampliar su ruta.
Iban rumbo al mar.
Se habían alimentado bien como para pasar una noche sin comer,
y sabían que al bajar del camión, encontrarían un basurero del cual comer.
Nunca habían ido tan lejos, y aprovecharon saliendo de noche con un transporte de carga que había ido al campo donde vivían a llevar materiales de construcción.
Carlos tuvo miedo al principio, pero la fuerza descomunal de Miguel lo incentivó
a la travesía de saltar al camión.
Iban a conocer el mar.
Carlos estaba emocionado, y Miguel como siempre, acelerado.
Saltaron del camión de carga y Miguel se puso a correr entre las grandes colas de zorro que habían en la playa.
De lejos parecía el efecto del viento, pero había gente en la arena y en realidad
no había viento, por lo que Carlos se escondió y le dijo a Miguel que se quedara quieto.
Sorprendentemente, Miguel le hizo caso.
Permanecieron inmóviles hasta que las personas se fueron.
Fueron al mar, estaba amaneciendo.
Siendo animales no autóctonos del océano, no había tiempo que perder.
Miguel se sambuyó en una ola y Carlos se quedó en la orilla pero la soltura de su amigo en el agua lo invitaba a ir también.
Los dos sabían nadar y comenzaron a pegar patadas hasta alejarse de donde estaban.
Fueron a un lugar donde el agua parecía ponerse más peligrosa, y salieron motivados por Carlos.
Claramente eso no le importaba al jabalí. Pero salieron y siguieron caminando.
Estaban cansados.
Al poco rato de caminar empezaron a ver casas y nuevamente, el chancho sugirió esconderse.
Así lo hicieron mientras pasaban autos.
De repente sintieron un gran ruido que le crispó los nervios a Miguel.
Empezó a correr. Carlos lo siguió.
Se chocaron con una piscina que tenía un chancho muerto flotando,
Miguel empezó a corrrer por todo el lugar asegurándose de romper todo lo que encontraba a su paso.
Vió que un humano salía y se lo llevó puesto.
"Vámonos." dijo. Y se fueron.
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