Mitad realidad mitad ficción- Relato escrito el domingo quince de marzo.

La guardia republicana está a caballo y en autos constantemente.
Hoy fui a armar la cinta de equilibrio, de slack.
Para mi ya era todo un acontecimiento porque era la primera vez que iba a armar esa cinta yo solari.
Es lo que más me cuesta, lo detallo porque no es menor.
Si la armás mal, cagaste.
Metafóricamente. En realidad, caíste, sería, literalmente.
Y desprevenidamente también, porque podés estar ahí en la cresta de la cinta y de repente, pum.
No es un asunto menor armar bien una cinta.
Llegué al parque y dos guardio republicanos venían montando dos hermosos caballos que eran fuertemente ladrados por pequeños canes.
Venían andando pero pararon y se pusieron a mirar, a todo el panorama, que me incluía.
Ta, no tepersigas. Que van a querer de vos, Pensaba.
Pero ya era una sensación, todavía no estoy tan entrenada como para que no me importe la mirada de algunos seres.
Una semana atrás había presenciado una secuencia parecida pero en otro lugar: y no era solo caballo, también caminando, en auto y moto y creo que en helicóptero.
La guardia republicana son seres humanos, no empieces a juzgar. Invítalos a tu cinta.
Ay que boluda.
Dale bo, venís a entrenar teniendo que estar encerrada, y te quedas con todo lo bueno del equilibrio para vos, dale bo dale bo.
Me convencí y fui hacia ellos.
Decidí acercarme y les pregunté si querían subirse.
Me miraron raro. Pero ataron cerca a los caballos.
Ah saben que, soy instructora de equinoterapia, les dije. Pero no tengo caballo. Proseguí.
Si me quisieran regalar uno, les invito a andar en la cinta y les enseñó lo que sé.
Aceptaron. Se sacaron las botas, y las medias también, preguntaron.
En lo posible si, respondí.
Ayudé a uno a subirse.
Tranquilo, respirá y acordate de la articulación de los hombros. Movelos en círculo.
Y empezó a moverlos, se le pasaron los nervios.
Su colega le sacaba fotos.
Después dejó de sacar fotos, estiró el brazo y lo ayudaba al que estaba en la cinta a mantener el equilibrio.
Estuvieron así un rato, hasta que se cansaron y me regalaron los dos caballos.
Yo les agradecí y pregunté si podían dejar de usar caballos y de estar por todos lados.
Si tenés razón, vamos a aprender otras disciplinas corporales que nos hagan reaprender sobre el servicio a la comunidad en vez de hacer laburar a los caballos horas y horas a causa de caprichos de intereses de clase.
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Hasta la parte del helicóptero, es cierto.
Lo otro fue imprescindible
menester
inevitable
inventarlE.

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